Llega el buen tiempo y los vecinos se reúnen para organizarse. La comunidad de propietarios subdividida por zonas, comenta y organiza.
El nuevo estanque comienza a tomar su espacio, algunos de los inquilinos que lo rodean acaban de trasplantarse desde otros sitios del bosque y deshacen las maletas lentamente. Los hay más animados, han llegado primero y ya se sienten a gusto en su nuevo destino, a otros les cuesta un poco más adaptarse a la nueva ubicación, cabizbajos escuchan los comentarios y los consejos de los nuevos vecinos observando, en silencio, los reflejos del agua, la deriva de las hojas y las ramas y los paseos de los zapateros por la superficie.
Los helechos brotan como aliens, seguros, recios…Primero pardos después rabiosamente verdes no tienen problema alguno en la comunidad, se compinchan con los ruscos y camuflan entre brotes de laurel, a la sombra de los avellanos y a los pies de los robles. Son unos profesionales de las relaciones públicas.
En este silencioso bullicioso se estrena una nueva estación en el Bosque de Bolao, en Llanes, allí donde Selva Asturiana va tomando cuerpo.