Ya instalados en Bolao, en Selva Asturiana, no deja de maravillarnos la observación del bosque, el comprobar cómo surge la vida de diversas maneras siempre pujante y verde.

 

 

Dentro de estas siete hectáreas y media son numerosos los rincones que se esconden del camino principal y permanecen en silencio, organizando su convivencia sin más normas que las de la propia Naturaleza.

 

 

Los animales más pequeños buscan su calma y los únicos sonidos que se escuchan entre la fronda son los que emiten los pájaros, siempre atentos, para atrapar algún gusano cuando los senderos quedan libres de hojarasca.

 

 

Algunas hojas se desprenden de las ramas y en vuelo libre descienden con suavidad tapizando caminos, colonizando nuevamente los espacios limpios. La naturaleza no sabe de límites, códigos u otras leyes que las propias, de manera que nuestro papel en todo esto no es otro que seguirla, y protegerla de quienes hablan otro lenguaje.
 
 
Incluso los árboles caídos pueden ser puentes para algunos animales,expositores de musgos, bases de helechos o cuna de semillas.Nada es inútil.
 
 
Fotografía.- Selva Asturiana
Textos:- Ana I. Díaz Goti
 

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